COMEMOS… Y SENTIMOS (Relación entre Emociones y Alimentación 2)

 In Blog Rocio Martin

La semana pasada, además de escribir sobre la influencia de las emociones en lo que comemos (el como la frustración, el aburrimiento, la tristeza, la preocupación, la ira son emociones que pueden hacernos acudir a la despensa… queriendo “comérnoslas”) disfruté de unos días para descansar y para realizar tareas que con la rutina y la falta de tiempo quedan relegadas, como el cocinar con mimo y pausa para los que más quiero…y ¡sin olla express!

En realidad, cocinar es muy sencillo. Se preparan los ingredientes, se sigue ordenadamente la receta y, una vez transcurrido el tiempo necesario, obtenemos nuestra  recompensa. Descubriendo un sabor muy diferente, consecuencia de un arrebato innovador al añadir un toque de cilantro que me recordaba  mis paseos por el campo, comprobando de primera mano todo lo anterior, reflexioné sobre lo sencilla que es también la relación entre lo que comemos y lo que sentiremos por ello.

 

Cuando nuestro cuerpo necesita nutrientes se produce la sensación de hambre, algo totalmente fisiológico, y cuando  cubrimos esta necesidad nos sentimos saciados, pero esto puede suceder con cualquier alimento que ingiramos. Saludable o no.

En los artículos anteriores se menciona la importancia de la alimentación relacionándola con la salud, pero ¿Cuál sería la definición de salud? la OMS la define como “… un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.

Vaya, entonces ¿podríamos decir que la comida que consumimos no solo afecta nuestro cuerpo físicamente, sino que afectará al funcionamiento de nuestra mente?

 

Debemos tomar conciencia de que en el organismo todo se relaciona, y esta relación es la que determinará nuestro estado de salud. Nunca mejor dicho “Somos lo que comemos…” porque la calidad de nuestra sangre afecta al funcionamiento de cada célula, a cada uno de nuestros órganos. Podremos decir que, efectivamente, nuestra alimentación influye en nuestra mente… ¿entonces lo hará sobre nuestros pensamientos, sentimientos, y emociones?

Que si comes algo en mal estado puede provocarte una indigestión que te haga pasarte el día entero entre la cama y el baño  y esto pueda  afectar tu estado de ánimo es fácil  de entender. Pero que el comer en exceso (precocinados, platos preparados, masas elaboradas, bollería, galletas, carnes grasas, bebidas gaseosas, azucares…) o hacer dieta habitualmente, pueda afectar a que estés alegre o con desánimo, con inspiración o  dispersión  total, es harina de otro costal.

Si comemos comida” basura”, junto a ella introduciremos  ingredientes refinados y artificiales, químicos que pueden agravar y producir insomnio, fatiga, estrés. Sin embargo, si nuestra dieta esta repleta de alimentos saludables (frutas, verduras, pescado y alimentos frescos en general…) carburamos nuestros cuerpos con antioxidantes, vitaminas y minerales que mantienen un buen estado mental y emocional.

La falta de energía y la falta de nutrientes básicos (en especial vitaminas y minerales) afectan al funcionamiento del sistema nervioso y esto a nuestros estados de ánimo. Por ello deberíamos evitar, además, las  “dietas milagro” y  ayunos prolongados.

 

¿Qué tal estas hoy? ¿Has sonreído lo suficiente?…sea cual sea tu respuesta, pregúntate qué  has comido en lo que va de día y, por favor, continua.

Podríamos decir que existen “súper alimentos” que  nos ayudan psicológicamente y emocionalmente y con su consumo regular pueden llevarnos a estar más animados y “felices”.

Está demostrado científicamente que nuestro cuerpo es capaz de producir una serie de hormonas, tres de las cuales son responsables del  placer y la motivación (dopamina), aliviar el estado de ánimo (serotonina) y producir felicidad (endorfina).  Hormonas capaces de generar sensaciones de bienestar, buen humor, que actúan como analgésicos naturales y nos ayudan a obtener un descanso reparador.

Y hay actividades a las que se les adjudica el don de aumentar los niveles de  producción de esas hormonas como puede ser: bailar, cantar, practicar un deporte; también pueden ser actividades más tranquilas como tomar el sol, escuchar música, leer, ver una película, pintar, meditar, darse un masaje, etc., en definitiva, cualquier actividad que nos haga pasarlo bien.

Mami, papi ¿qué tal si jugamos? Animaros, “jugar” y  reír ya es saludable de por sí y de paso… ¡os llenareis de endorfinas!

 

Sobre los alimentos… ¿y comer chocolate?

 Cuando disfrutamos de la comida la presencia en la sangre de Dopamina aumenta de inmediato. Y el proceso se puede ver estimulado por algunos nutrientes que residen en algunos alimentos. El principal  es el triptófano, aminoácido vital para la producción de serotonina (pues sí, chocolate con moderación y cuanto más negro mejor, plátanos y piña, productos lácteos, atún y salmón, pollo y pavo, etc.).

Diversos estudios corroboran que la  falta de serotonina causa distintos efectos negativos sobre el organismo, como angustia, tristeza o irritabilidad. También que la comida saludable puede ayudar a combatir estos estados de ánimo. Y algo muy interesante, el buen humor puede controlar la cantidad de comida que deseamos ingerir.

 

Como veis, un tema apasionante que relaciona directamente nuestra forma de ser, el ánimo, las sustancias que consumimos y el cerebro. Y solo hemos dado una pincelada. Podríamos hablar largo y tendido de lo que provoca la carencia de nutrientes más profundamente (agresividad, hiperactividad, cansancio, confusión, fatiga, apatía y depresión…) y lo haremos en otro momento. Si comemos cosas que nos debilitan y desmineralizan, la consecuencia emocional tendrá presencia en forma de frío, falta de energía y desmotivación. Carencia llevará a carencia…construyendo enfermedad y desequilibrio emocional.

Ahora, si te observas detenidamente conforme a como te alimentas “¿Eres lo que comes?” ¿Eres energía, vitalidad y salud? o por el contrario…

 A mantenernos o a ponerse las pilas, ya que una dieta equilibrada nos ayudará a desintoxicar nuestra mente y nos dará la energía suficiente para impedir que la enfermedad, el desánimo  y el estrés se apoderen de nuestra vida. Vacunémonos contra el mal humor comiendo saludablemente y realizando todas las actividades posibles que nos hagan sentir bien, como puede hacerlo el consumir el tipo de alimento apropiado, en el momento apropiado, sin preocupaciones y sin miedos.

Qué buena noticia podemos diseñar nuestro propio estado de ánimo y no es ciencia ficción… sino una ciencia fascinante.

 Elegir cómo pensamos crea emociones y sentimientos. Elegir cómo comemos ayuda a que estos pensamientos sean más “equilibrados” y que las emociones resultantes sean más saludables. Las emociones tienen más que ver con nuestra salud a través de la alimentación que con los sentimientos que nos puede generar la degustación de un plato.

 

Asegurémonos de tener en nuestra despensa todo lo necesario para no pasar hambre y alimentarnos de una forma saludable. Que esté repleta de alimentos para preparar platos que nos hagan disfrutar del momento y de la compañía, de la vida. Que sus estanterías estén llenas de ingredientes que no caduquen jamás: tarros de cariño, botes de dulzura, cajas de ilusiones y latas de autoestima; que garantice también que no pasaremos hambre de amor y… que tengamos mucha serotonina y endorfinas.

Ahora si que para terminar podemos vincular “comemos y sentimos” y “sentimos y comemos” en algo muy simple…”Dime qué comes y te diré cómo te sientes”.

 

Gracias por la visita y por tu interés,

Rocío Martín

Ver más: Diario de Navarra. Emociones y Pucheros.

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