“EDUCANDO LA ALEGRÍA… MOTOR EMOCIONAL DE CAMBIO”

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Nuestra experta en Pedagogía, Rocío Martín ha comenzado las formaciones del primer trimestre a los equipos de monitores de nuestros comedores. Como ella misma subraya, “tomaremos  conciencia de cómo cultivando y utilizando la alegría como recurso educativo, de forma sistemática y no ocasional, podemos posibilitar un desarrollo saludable y pleno en nuestros niños, niñas y adolescentes”.

 

Hace ya unos cuantos años que en los comedores escolares y a través de la formación, intentamos comunicar una forma diferente de “hacer” y…de “ser”. Entendiendo que un proceso educativo está repleto de tiempos del hacer, pero es en el mismo modo todo el tiempo un “tiempo de ser” porque sucede a través de una relación afectiva entre la persona que educa y el niño o niña.

Con la experiencia he aprendido que la “forma” en que hacemos las cosas marca la eficacia de lo que hacemos. Y que si esa forma en que hacemos las cosas se impregna de conciencia y paciencia, los resultados que alcanzamos son ilimitados. Y no hablo de ponernos grandes metas y objetivos que alcanzar, sino de confiar en los niños y las niñas, en la sencillez con que viven y aprenden de la vida, en la importancia de mantener la atención y la conciencia en ese camino en sí.

Por ello, con nuestras formaciones pretendemos dar una “forma” a lo que hacemos, a lo que decimos, a lo que pensamos e incluso a lo que sentimos, mucho más emocional y coherente a los tiempos en que vivimos. Una “forma” que guíe el trabajo, las vivencias y los procesos de aprendizaje que en estos espacios (también educativos) se desarrollan. Una “forma” que pretende ser estructura y libertad al mismo tiempo.

Son difíciles de describir las dificultades que hemos recorrido juntas tanto las personas educadoras como las formadoras buscando esta “forma” diferente de hacer las cosas. Lo que sí que es fácil de observar es el cambio de aire que empezamos a respirar, el que respiran hoy los niños, niñas y adolescentes en nuestros comedores escolares.

Como os digo, se respira a la vez, estructura, flexibilidad, límites y libertad. Y cada vez más momentos de bienestar y… alegría. Todos ellos, lo vemos hoy, son factores imprescindibles para “avanzar” en cualquier proceso de aprendizaje.

¿Qué cómo lo hemos hecho? ¿Qué cómo lo hacemos?

Hemos llevado a todo el Dpto. de Pedagogía, a las personas que coordinan equipos en los comedores y a quienes educan directamente a los niños, niñas y adolescentes, a revisar y mimar las rutinas, haciendo hincapié en no perder de vista los pequeños detalles y matices emocionales que nos rodean en nuestro día a día. Observando que los aprendizajes que calan, quedan y trasforman son los que les llegan de personas con quienes establecen vínculos de afecto. Ahora sabemos que esos hilos invisibles se tejen con tiempo, paciencia, afecto… y alegría. Un conocimiento se puede memorizar, pero no se incorporará sino existen elementos emocionales.

Añadir que uno de mis mejores aprendizajes (personales y profesionales) fue el momento en que tuve la certeza de la necesidad de volvernos más flexibles y moderados en casi todo, y más inflexibles y contundentes en tan solo algunas poquitas cosas.

Así es como nuestra “forma” de educar se está transformando, se ha transformado lo suficiente para convertir nuestros comedores escolares en espacios educativos mucho más alegres.

Son muchas las vivencias que nos constituyen, que dan forma a nuestra alma, y eso se palpa y te hace consciente cuando escuchas a los niños, niñas y adolescentes. Su vulnerabilidad, su ingenuidad, su inocencia, su capacidad de disfrutar de las pequeñas cosas, de aprender y, sobre todo, del “gozo” que muestran cuando lo hacen, me ha hecho reflexionar mucho sobre una emoción (en particular) descubriendo un recurso que deberíamos explotar (en especial): “LA ALEGRIA”.

La alegría es una de las emociones básicas del ser humano, uno de los motores de su desarrollo que le permite abrirse a experiencias nuevas (incluida la de probar alimentos) y que le da energía e impulso para atreverse a explorar y crear.

Como se adivina en las líneas anteriores, esta realidad, esta creencia, lleva mucho tiempo acompañándonos con conciencia, es justo que pase a ser protagonista de una de nuestras formaciones.

Lograr una afectividad consciente, tan importante para el aprendizaje, es una responsabilidad de las personas que educamos. Utilizar la alegría “conscientementees un gran recurso a nuestro alcance en el que empezaremos a formarnos y a trabajar este curso.

Hemos dicho que la afectividad es necesaria para establecer vínculos, que estos son necesarios para educar y para que el proceso de aprendizaje se lleve a cabo, pero también conoceremos, gracias a la formación de este curso, la importancia y el papel que desempeña en todo ello la alegría, emoción clave, casi imprescindible diría yo, para lograr esta afectividad.

Por otro lado, también veremos que para poder educar en la alegría hace falta promover situaciones y vivencias que generen bienestar en el niño y la niña.

El aprendizaje se potencia cuando entran en juego los sentidos (la mirada, el gusto, el tacto, el olfato…), las emociones (para un aprendizaje positivo, emociones positivas como la alegría) y la afectividad.

No se trata de que las personas educadoras, ni los niños, niñas y adolescentes estén en un estado de alegría permanente, algo que además de ser casi imposible no sería ni adecuado ni positivo, sino de crear y aprovechar con consciencia los pequeños momentos de alegría cotidiana como motor de aprendizaje, de desarrollo y crecimiento, y de vida.

No se educa en lo que se hace un día, sino en lo que se pone en práctica la mayor parte de los días. Por ello la alegría hay que llevarla a la cotidianidad. Hay que elegirla. Y elegirla con conciencia.

La educación emocional ha sido, es y será un tema de base en nuestras formaciones, dentro de ella la educación, el aprender a autogestionar la alegría en nuestro beneficio y enseñar a niños y niñas a hacer lo mismo va a ser un objetivo clave.

Insisto, la alegría es motor de acción y movimiento, y permite que tengamos, que tengan valor para querer hacer nuevas cosas, o por lo menos intentarlo. La mejor forma para que aprendamos. En ocasiones hay que tener valor para perseguir aquello que deseamos, y el valor se educa, como tantas otras cosas, como haremos con “la alegría”.

Por ello, en esta formación tomaremos conciencia de cómo cultivando y utilizando la alegría como recurso educativo, de forma sistemática y no ocasional, podemos posibilitar un desarrollo saludable y pleno en nuestros niños, niñas y adolescentes.

Hay una frase, tengo varias que me acompañan como aprendizaje a no olvidar y producto de mis propias vivencias, pero ésta lo hace de una forma especial por su emocionalidad: “A amar no se aprende amando, sino sintiéndose amado…”

Es maravilloso, privilegiado, el ámbito en el que educamos, ya que se sientan amados está de nuestra mano al cuidar y satisfacer algunas de sus necesidades más básicas. Dando y entregando lo mejor de nosotros y nosotras mismas; educando con, desde y en la alegría, introduciendo pequeñas rutinas placenteras cada día, a modo de hábitos de salud emocional. Podemos intercalarlas entre los tiempos de “hacer” dejándonos algo de tiempo para “ser”: un mimo, un abrazo, un acurrucarlos entre nuestros brazos para que se sientan seguros y reconfortados, un mensaje de agradecimiento, un minuto para un halago, una pequeña caricia, una sonrisa, una mirada protectora y de aceptación, etc…

Permitiéndonos y permitiendo “ser”, y escuchando“Amar no es solamente querer, es sobre todo comprender”, Francoise Sagan

Eligiendo emplear el tiempo, en la medida en que se pueda, en aquello que hace sentir bien, seremos una caricia para sus almas. Estaremos educando la alegría.

Todo ello dejará una huella positiva, construirá una vivencia que les enseñará, que ofrecerá recursos que les fortalecerán y éstos les ayudarán, como ya hemos dicho, a desarrollarse plena y saludablemente…

Junto al amor y la esperanza, es la alegría lo que da valor a la persona y puede transformarla, son motores que pueden cambiar y mejorar el mundo en el que vivimos.

Esta es la ilusión con la que me he embarcado al preparar esta formación, una más que nace de mi experiencia en la supervisión de comedores escolares, del trabajo con las personas que educan en ellos así como del trabajo con familias, pero nace sobre todo de una preocupación por lo que me voy encontrando en ese trabajo. Nace con el objetivo de brindar estrategias prácticas al personal para cultivar con consciencia y de forma sistemática la emoción de la alegría en los niños, niñas y adolescentes y en ellos mismos.

Solo me queda dirigirme a todas estas personas que trabajan, educan y “conviven” junto a los niños, niñas y adolescentes en nuestros comedores, para ellas y por ellas, personas que acudirán a mi formación, deseando que tras ella opten con conciencia y de forma sistemática por educar la alegría. Darles las gracias por acompañarme en mi empeño y camino profesional e incluso personal, porque llegan a fundirse en muchísimas ocasiones a través de mi pasión de educar.

Gracias entonces por escucharme, por adoptarme y acompañarme… pero, sobre todo, por hacer que nuestro sueño para las futuras generaciones sea posible.

La alegría es un motor emocional del corazón, es motor de desarrollo y aprendizaje, aprovechémosla como recurso que acompañe, eduque y transforme… ¡promoviéndola!

Dicen que las emociones son contagiosas, cuanta más alegría cultivemos y fomentemos más alegría sentirán en sus corazones. Tenemos que conseguir que la alegría llegue hasta a respirarse en el aire de nuestros comedores escolares.

Son las miradas de agradecimiento, sonrisas y risas en niños, niñas y adolescentes las que nos indican que esta es la nueva forma y la correcta de hacer las cosas.

Gracias y un fuerte abrazo, no uno cualquiera sino uno de esos que alimentan la alegría 😉

Rocío Martín

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