Qué necesitan los menores para desarrollarse óptimamente

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Artículo de Leticia Garcés, pedagoga – formadora de nuestros equipos de comedor

 

Las investigaciones científicas de las últimas décadas han demostrado la importancia que tiene para el desarrollo sano, físico y mental de los niños y las niñas, no solo una alimentación adecuada, sino el hecho de que sean criados y educados en un ambiente de aceptación, respeto, afectividad y estimulación. La neurociencia ha demostrado que la organización y el funcionamiento del cerebro dependen no solo de la genética sino de las interacciones con el entorno familiar y social durante su gestación y los tres primeros años de vida (Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan). ¿Y a partir de los tres años que entramos en la escuela? Sigue siendo importante. El contexto social es determinante para el funcionamiento mental pues la salud mental de los menores y adultos está condicionada por la calidad de las relaciones interpersonales que los contextos humanos les proporcionan. Como vemos, la función y estructura cerebral están directamente modeladas por las experiencias interpersonales, por lo tanto, el menor necesita un adulto con competencias necesarias para cuidarlo, estimularlo, protegerlo y educarlo porque de lo contrario, queda expuesto a la negligencia del medio en un grado mayor que si se da en la vida adulta: se pueden originar secuelas neurológicas que le afectarán en el futuro aprendizaje. (Rosa María Fernández García)

Todo esto es importante tenerlo en cuenta tanto si el niño está sano, padece una enfermedad o nace o adquiere una discapacidad en algún momento de su vida. Sentirse aceptado y amado independientemente de las circunstancias personales es vital para el sentido de pertenencia del ser humano y desarrollo de su identidad. Lamentablemente no todas las familias están capacitadas para acoger y acompañar las emociones que se generan en la convivencia diaria y tampoco no todos los profesionales saben responder a las necesidades afectivas que hay detrás de ciertos comportameintos. Que esto sea así, dificulta el desarrollo de la regulación emocional que tan relacionado está con la salud física y mental.

La formación “Educación emocional y bienestar” que los profesionales de los comedores escolares de “Comedor Saludable” han recibido, nos ha permitido reflexionar en las necesidades que los menores con los que trabajamos necesitan con el fin de desarrollar las distintas competencias emocionales que les permitan ser conscientes de cómo atender a estos menores al mismo tiempo que preservan su salud emocional para gestionar el estrés que la labor de cuidar y educar puede generar.

¿Que necesita un menor para desarrollarse óptimamente? 

  1. Apego seguro
  2. Clima familiar establece y predecible
  3. Comunicación positiva y asertiva
  4. Vínculos afectuosos
  5. Estilo de vida saludable y gestión del estrés
  6. Rutinas para establecer hábitos (sueño, alimentación, higiene y orden)
  7. Normas sociales, familiares y escolares
  8. Desarrollo de competencias emocionales
    1. Conciencia
    2. Regulación
    3. Autonomía
    4. Social
    5. Bienestar

Segun algunos autores, la inteligencia emocional en el adolescente se relaciona con:

  • Un menor número de síntomas físicos y de somatización
  • Un menor nivel de ansiedad y depresión
  •  Menos estrés social
  •   Mayor uso de estrategias de afrontamiento positivo para solucionar problemas
  •  Mejores habilidades interpersonales y sociales, mas amigos y un mayor apoyo social y familiar
  • Mejor ajuste psicológico
  • Menores niveles de agresividad física y verbal
  •  Menos problemas de conducta
  • Mejor capacidad de comunicación y resolución de conflictos, mas empatía y cooperación
  •  Mejora de rendimiento y autoeficacia en el contexto escolar 

     

     

Esto nos permite afirmar que con inteligencia emocional podemos resolver los conflictos de convivencia escolar con el fin de educar las emociones desde lo cotidiano, aprovechando los conflictos para crecer, las discusiones para mejorar las relaciones y las dificultades para fortalecer los lazos entre escolares. ¿Y qué pasa si la familia no aporta a los menores los cuidado de calidad que necesita? Simplemente que aprovecharemos el poco tiempo que está con nosotros para que se lleve una experiencia positiva que sume y no que reste.

 

 

Leticia Garcés Larrea Pedagoga. Formadora de familias y profesionales en educación emocional. Colaboradora de EDUEMO, Laboratorio de Educación Emocional de la UNED. Máster de Inteligencia emocional por la UNED de Madrid y Postgrado de Educación emocional y Bienestar por la Universidad de Barcelona. Fundadora y coordinadora de la plataforma Padres Formados desde 2010. Organizadora de eventos de prevención desde la infancia desde 2012: Congresos de educación emocional y Jornadas de prevención para la salud emocional en Navarra. Experiencia como educadora en centros de menores en Guatemala y coordinadora de proyectos de cooperación (2002-2007) Autora del libro “Padres Formados, hijos educados”. (2017) Coautora de los Cuentos Emocionate (2014) Coautora del Disco Emocionate (2014) Contacto: www.padresformados.es (Leticia@padresformados.es)

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