Qué y cuánto COMER… ¿Es posible que pueda decidirlo EL ALUMNADO?

27 abril, 2018

Sabemos que la familia es el principal agente educador a nivel nutricional, sin embargo, cada vez son más las voces y los proyectos que intentan aprovechar el comedor escolar para integrar la comida como un proceso de aprendizaje que vaya más allá del hecho fisiológico de comer. El acto de comer es un hábito, y como tal hábito se puede educar.

Consolidar el comedor escolar en su dimensión educativa con iniciativas que fomenten la motivación hacia una alimentación saludable, es uno de los principales objetivos de Comedor Saludable en todos sus comedores.

Queríamos introducir en el comedor escolar una nueva manera de pensar, de enseñar a valorar y adquirir una dieta sana y equilibrada. Conocedores de que esta habilidad es fundamental para el hombre y la mujer que el niño y la niña van a ser en el futuro. 

Son varias y diferentes las estrategias y actuaciones que se ponen en marcha a lo largo del curso escolar para conseguirlo, sumadas a las recogidas en nuestro Proyecto educativo. Observando con agrado, que este conjunto de actividades articuladas entre sí , que cuentan con la participación activa y la cooperación del personal que desarrolla su trabajo en los comedores, junto al Dpto. de Dietética y el de Cocina (“Visita del chef”, “Semana del Buen aprovechamiento”, etc.), consiguen generar un efecto positivo y multiplicador de los resultados.

¿Cómo lo hacemos? y ¿Qué hay tener en cuenta?

Empezamos por buscar la forma en que el momento de comer tenga lugar en un clima tranquilo y relajado facilitando un espacio de relación y aprendizaje entre quienes participamos. (A pesar del ruido al que nos enfrentamos, característico de este espacio).

Intentamos que el ambiente en la mesa sea agradable y que las relaciones con el personal educador y sus compañeros y compañeras sean positivas. Que el momento y la forma de comer sea lo más parecida a casa. Casi, como si estuviesen en familia. Es buen momento para comunicarse, contarse sus secretos y aliviar sus inquietudes. Convertir los momentos en la mesa en algo bonito que recordar es el mejor mensaje sobre la comida que les podemos dar. Y todo un aprendizaje directo hacia la consolidación de un hábito saludable.

El momento de la comida debe ser un momento para disfrutar, ya que esto es imprescindible para poder potenciar comportamientos correctos en la mesa y enseñar buenos hábitos de alimentación. Despertar una emoción positiva en el niño y la niña es fundamental para que puedan aprender.

Paralelamente y, antes que nada, se imparten pautas y formación continua al personal monitor de comedor. Es imprescindible aprender a ponerse en el lugar del menor. Hemos de respetar que haya alimentos que no les gusten, porque a la mayoría de personas adultas les sucede lo mismo y tienen algún alimento que no pueden “ni ver”.

Anímanos a que prueben de todo sin insistir ante sus rechazos, permitiendo y respetando sus decisiones.

El acto de la nutrición es una de las funciones vitales de todo organismo, por lo que consideramos de una vital importancia acompañar este acto desde una perspectiva global y respetuosa.

Involucramos al alumnado en algunas de las tareas en torno al momento de la comida. Ayudando a que entiendan y valoren todo el proceso que supone que un plato esté en la mesa (algo que lo favorece es la “Visita del chef”, sentirse protagonistas en este tipo de debates, pudiendo incluso elegir, de vez en cuando, un cambio de elaboración, un plato o un menú puede animarles a comer mejor). También es muy importante saber qué tareas y responsabilidades asignar en concordancia a su edad.

Haciéndoles partícipes de todo lo que se pueda, hace que tengamos mucho terreno ganado. El objetivo es que el alumnado tenga una relación natural con la comida y el acto de comer haciéndose responsable además de su hábito de alimentación.

Algo que toda persona educadora debe tener muy en cuenta, es la importancia de cultivar y desarrollar su propia paciencia.

Enseñar a un niño comer, limpiarse, vestirse, es una tarea bastante más larga, difícil y paciente, que no alimentarlo, limpiarlo y vestirlo”. Montessori, M.

Saber esperar serenamente es una actitud a menudo imprescindible para perseverar y conseguir aquello que deseamos, razón de más para alcanzar cualquier objetivo educativo marcado. Y al tiempo que cultivamos la nuestra, la sembramos en su mente y en su corazón.  De nada sirve apurarle, ni esperar más de la cuenta, esperar más de lo que nos pueden dar… Hay que dejarles libres, dejándoles decidir, acompañándoles en su proceso de “amar” la comida en lugar de obligarles a hacerlo automáticamente y en el momento que la persona adulta quiere.

Y especialmente, en todo este proceso de aprendizaje, tiene un valor muy importante saber trabajar por y para la autonomía del alumnado, potenciando la educación a través de un aprendizaje activo y participativo.

Por ello, hace tiempo que en muchos de nuestros comedores disfrutamos de un sistema de atención educativa diferente, en el cual a muchos de los niños y las niñas se les ofrece total autonomía respecto de su alimentación.

¿Esto qué significa?:

Pueden elegir qué comer del menú y lo hacen, sirviéndose ellos y ellas mismos, la cantidad que consideran apropiada a su apetito.

Lo importante es que la totalidad del menú ofrecido sea saludable, como es el caso de la comida elegida por Comedor Saludable para sus comedores escolares. En los centros en que las familias deciden llevar a cabo este proyecto, dietistas y nutricionistas deciden qué se va a comer y sus hijos e hijas tienen la libertad de elegir qué y cuánto comer.

¿Por qué les dejamos escoger?

Porque hemos observado que logramos incidir positivamente y a corto plazo en el hábito alimentario de los niños y niñas, tanto como en su bienestar y desarrollo general.

Solo podremos dejarles en herencia una buena educación para la salud si prevenimos trastornos producidos por hábitos de alimentación incorrectos. Muchos de ellos, adquiridos por sentimientos de malestar sembrados y cultivados en conflictos generados inconscientemente por la persona adulta al entrar en una lucha de poderes que dificultan el proceso de individuación del niño, niña o adolescente. Respetando sus decisiones hacemos que se sientan comprendidos, aceptados y queridos pese a todo.

Asimismo, elegir qué y la cantidad que comen, les otorga, momentáneamente, el poder de decisión sobre sus vidas. Con ello, se hacen conscientes de su mayor autodominio y de su independencia y, todo lo contrario a lo que suele ser lo normal, no cuestionan las normas y valores que rigen en el comedor. Sienten que deciden por sí mismos, al respetar esa autoafirmación necesaria y esencial en esta etapa de la vida, y disfrutan con la “libertad” ofrecida sorprendiendo con una actitud responsable y colaboradora.

Para motivar cualquier aprendizaje en el menor es imprescindible comprender plenamente las fases de su desarrollo y sus verdaderas necesidades (de moverse en libertad y de juego, de afecto y de establecer un vínculo afectivo de calidad, necesidad de un ambiente seguro que potencie el desarrollo de sus capacidades y de respeto y aceptación de su individualidad). Solo así podremos realizar un acompañamiento amable y responsable, fortaleciendo su autoconfianza y favoreciendo autonomía y bienestar. La mejor forma de motivar un aprendizaje activo.

Ante un programa como éste algunas familias podrían pensar, que si son los niños y las niñas quienes eligen, no van a comer suficiente. No estamos acostumbrados a confiar en su capacidad de autorregularse, pero lo cierto es que sonquienes verdaderamente pueden saber cuánto necesitan comer y con qué intervalo de tiempo.

Comer es un instinto primario básico, tan imprescindible para la supervivencia, que ningún niño pasa hambre habiendo comida (a no ser que tenga alguna enfermedad, física o emocional…). Solo ellos y ellas sienten lo que sucede en su organismo, solo ellas y ellos pueden sentir y valorar su hambre y saber o, aprender a calcular, cuánta cantidad de comida necesitan para saciarse (que no para quedarse a punto de explotar).Por ello, tienen que comer básicamente lo que quieran, que generalmente es menos de lo que la mayoría de padres, madres, y sobre todo, las abuelas, creen.

Hoy en día, aceptamos con mayor facilidad que las criaturas recién nacidas, sean capaces de regularse sin ayuda si tienen a su disposición la comida a libre demanda. ¿Por qué no incluir en este pensamiento al resto? independientemente de la edad que tengan.

Los expertos aconsejan que se permita que niños y niñas puedan decidir qué tanto quieren comer y cuándo, ya que si tienen que comer exactamente lo que nosotros queremos y, además, la cantidad que esperamos, terminamos generando un conflicto. Debemos relajarnos, ya que si les permitimos elegir no se van a desnutrir, y daremos paso a algo muy importante: al hacerlo mejoraremos su relación con la comida.

Dejar que tomen decisiones desde muy peques (como qué y cuánto comer) les está ayudando a desarrollar una sana autoestima, gracias a su sentimiento de libertad, y en su capacidad de tomar decisiones después cuando sean personas adultas.

La autoestima y la seguridad que adquiere el menor al ser capaz de realizar una actividad por su cuenta es fundamental para su desarrollo, por eso la persona adulta debe animarse a sí misma a permitir que realicen esa actividad. Muchas veces con nuestra sobreprotección, ponemos freno a las capacidades de nuestros hijos e hijas porque tenemos miedo. Para que sean responsables, primero debemos de darles la posibilidad de autonomía, y ésta les creará esa responsabilidad en esa y otras áreas de su vida.

Adoptar un estilo de alimentación saludable desde edades tempranas, momento en que son establecidas muchas de las actitudes hacia la salud, marca una influencia para toda la vida.

Creemos y confiamos en que desde el ámbito educativo que proporciona el comedor escolar podemos potenciar la creación de hábitos alimenticios adecuados en la infancia. Y, desde él, podemos también mantenerlos y reforzarlos en la adolescencia y juventud, ya que en esta última etapa, sobre todo, es importante ayudar a que la influencia en la valoración que puedan tener de lo que es saludable, que está pautado culturalmente y depende en gran medida de la publicidad (muchas veces engañosa en cuanto a lo que deben consumir), sea menor. Se trata de saber ofrecer las mejores estrategias, las mejores habilidades para que el menor confíe en sí mismo sintiéndose seguro y apoyado.

Comedor Saludable posee experiencia, posee recursos y fortalezas que pueden ser potenciados para enfrentar este problema, y ponemos todo nuestro esfuerzo en conseguir que realmente haya un aprendizaje, un comportamiento que se traduzca en un hábito alimentario que se quede permanentemente con ellos y ellas.

Para concluir, si hay algo que desea favorecer está comunidad educativa es colaborar junto a la familia en el desarrollo de la independencia de sus hijos e hijas. Al menor, aprender a decidir por sí mismo le hace independiente. Nuestro papel en el comedor es brindarles apoyo en un ambiente estable, protector, amoroso y con una comunicación fluida, que les permita desarrollar de manera óptima el proceso de separación y diferenciación, en su paso hacia la independencia y finalmente la adultez.

«Nadie puede ser libre a menos que sea independiente; por lo tanto, las primeras manifestaciones activas de libertad individual del niño deben ser guiadas de tal manera que a través de esa actividad el niño pueda estar en condiciones para llegar a la independencia» María Montessori

Rocío Martín | Supervisora de Comedor Saludable

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